Audio-Tesoros murió

 

 

 

Audio-Tesoros murió. Murió por sí solo y también lo he matado yo.
Soy creador y verdugo de un espacio que nunca fue lo que quería ser.

Audio-Tesoros nació como un blog sobre música. Al igual que la mayoría de los blogs y medios de comunicación que surgen en el tiempo presente, partía con una intención que les es común y que casi ninguno acaba cumpliendo: ser diferente a los demás. No es malo no cumplirlo, siempre y cuando no te haga sentir mal.

Partía con el objetivo de ser un espacio diferente a los medios de comunicación sobre música a los que más fácil acceso tenemos; quise mostrar propuestas más difícilmente accesibles, que dieran pie a una cierta reflexión. Asimismo, quería contarlas bien. Odio cómo hablan sobre música en esos medios que son tan horribles como venerados; yo no quería parecerme a ellos, no quería pasar por el aro. Al principio todo iba por buen camino; en ocasiones incluso alcancé esa utopía. No duró mucho. Audio-Tesoros murió de agotamiento en una carrera de fondo que ni siquiera pudo terminar.

¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Qué lleva a una persona a desintegrar una idea, un proyecto en los que cree? En mi caso, las razones fueron tan diversas que tratar de recorrerlas una a una es tan farragoso como deprimente. Me da mucha pena haber llegado hasta este punto; me siento triste por haberlo hecho tan mal.

Audio-Tesoros nacía con una pretensión de ser diferente, como tantos y tantos proyectos de blogs y medios de comunicación; todos se dicen “distintos a los demás” para acabar al poco tiempo siendo un integrante más de la misma rueda de siempre, del mismo sistema clásico, rígido, institucional y caduco. Audio-Tesoros quería salir de ahí. El modelo de periodismo musical por el que hoy se apuesta no va más allá de los mencionados calificativos que el sistema mediático actual arrastra pese a los ridículos y falsos delirios de grandeza que se otorga. Todo es igual. El periodismo musical es un terreno plagado del más rancio elitismo, de intereses maquillados, de estereotipos, de opiniones inútiles, de prescripciones autoritarias, de lacras heteropatriarcales/racistas/etcétera, de lenguaje casi pueril y arquetípico y de propuestas musicales que son tan clásicas como el academicismo de los conservatorios. No salimos de ese bucle venenoso y pútrido. Audio-Tesoros quería irse de ahí. Al final, acabé viéndome a mí mismo buceando en tal fango. Pese a mis ganas de salir de esas arenas movedizas (así se vio en los intentos más atrevidos con los que me lancé en las últimas entradas), para cuando quise mantener cierta estabilidad ya era demasiado tarde. Veía que todo me arrastraba a utilizar su mismo lenguaje, la originalidad que creía tener (y que llegué en algún momento a tener) se desvanecía, mantenía una excesiva confianza en el texto, e incluso llegué a creerme ese discurso de la ‘calidad’ en aquello que proponía. Definitivamente, un lastre tras otro que el tiempo y un creciente hastío y hartazgo del trabajo en el sitio web fueron mutilándolo poco a poco desde todos estos flancos. Audio-Tesoros se convirtió en el demonio al que, más que hacer frente, siempre temió.

Esas tendencias tan peligrosas del periodismo musical fueron apareciendo poco a poco, tiñendo y envenenando cada entrada conforme descendían mis energías para continuar manteniendo este espacio con el mismo arrojo con el que echó a andar. Desde el principio, decidí imponerme a mí mismo una suerte de ‘frecuencia’ de publicaciones; un ‘horario’ obligatorio en el que al menos una entrada debía estar publicada. Todo ello, una vez más, engañado por las directrices de aquellos infelices que creen tener más cosas que decir que el resto en materia de blogs/medios de comunicación. Parece ser que has de llevar una abundante frecuencia de publicaciones, que tu página tiene que estar llena de cosas y todas ellas han de ser maravillosas. Has de consumir inexorablemente tu tiempo y tus deseos personales con tal de ‘darle algo al lector’. El lector ha de encontrar algo que consumir, que vea que ‘haces cosas’, como si fuera una máquina devoradora de párrafos, insaciable, crítica, que está atenta a lo que haces, que te sigue la pista porque aprecia lo que haces. ¿Hemos de debernos a nuestros lectores? ¿Hemos de sacrificar nuestra propia identidad (o la de nuestro proyecto) en favor de que alguien tenga cosas para leer para que así nos visite? Pero, ¿de qué lectores estamos hablando, si no tengo? ¿Por qué he de pensar en un lector que pueda estar atendiendo a mi blog cuando es muy probable que ni siquiera exista? Cuando inicias un proyecto de este tipo, nadie te hace caso porque nadie te necesita. Realmente tú les necesitas a ellxs. ¿A cuántxs? ¿A todxs? ¿A qué ‘precio’?

Cuando inicié Audio-Tesoros, me olvidé de la apetencia. Se trata de un blog; no voy a vivir de esto ni me interesa. ¿Qué era lo que yo quería? ¿Aprender, generar una ‘comunidad de lectores’, hacer amigos, llamar la atención, generar a mi alrededor una identidad que no tengo, hacerme famoso? Buscase lo que buscase, no le debía ni le sigo debiendo nada a nadie. Con el paso del tiempo, ese impositivo y marcial ‘calendario de publicaciones’ me impidió hacer lo que yo quería. No tenía ni tengo nada que perder con esto. ¿Por qué no hago entonces lo que me apetece? ¿Acaso deseo parecerme a aquellos odiosos gigantes? ¿Por qué no innovo si es lo que deseo? ¿Estoy tratando de aspirar allí donde no puedo llegar (porque es indiscutible que nunca podría, viendo quiénes están dominando esa jungla)? Nunca he tenido nada que perder y siempre he sido pequeño, sin destacar, invisible. Moverse en los márgenes implica limitaciones, limitaciones que en su día creía difusamente que no tenía (de tiempo, de importancia de cara al exterior, de consideración colectiva…). Pero moverse en los márgenes también implica la posesión de una cierta libertad con respecto a rigideces que estrangulan a las grandes firmas. Los márgenes, lo pequeño, lo que pasa desapercibido… son un terreno árido y difícil en el que muchxs se ven abocadxs a terminar sin desarlo, pero también es un campo que da pie a la imaginación, a idear nuevas maneras de hacer, nuevas propuestas y discursos, identidades diversas en las que todo cabe y que pueden llegar a cambiar las cosas. No me di cuenta de dónde me movía, de lo que realmente podía hacer.

Por ese ‘deberme a unos lectores’, por ese tratar de ‘parecer un medio serio’ (o simplemente un medio), terminé trabajando en Audio-Tesoros a completo disgusto. Buscaba músicas que no conocía, algunas realmente ni me gustaban, con tal de ‘rellenar’ la página web. Sentía estrés, frustración constante conmigo mismo y con lo que escribía, inapetencia, hastío, rabia… Todo por querer sacar adelante una publicación en la que ya no confiaba, en la que ya no creía porque quizá ni siquiera creía en mí mismo; una publicación que pasó de hacerme sentir ilusionado a hacerme sentir triste, que me quitaba tiempo para dedicar a algo que no me apetecía hacer.

¿Conclusión? Acabé dejando cada vez más de lado las publicaciones. Una y otra vez llegaban los “¡He vuelto!”; mentiras que yo mismo me creía con tan de encontrar una esperanza de que Audio-Tesoros fuese como yo quisiera, sin saber realmente qué era lo que quería hacer con él. Cada vez más tiempo entre entrada y entrada, que se iban llenando además de otros intereses nuevos (más bien no tan nuevos) para mí. Comencé al fin mi andadura en el arte sonoro, y mi pasión por el mismo aumentó de forma exponencial. Fue el avance más fuerte hasta la fecha dentro del arte contemporáneo, y aquello comenzaba a dejar huella. Ahora prefería dedicar más tiempo a leer sobre tal artista sonoro o a escuchar tal otra obra que a escuchar un grupo de Nosequé-Rock idéntico a otros ochocientos figurines venerados. De hecho, cambió mi propia relación con la música. Ya no podía mantener mi manera de escribir con esta concepción nueva del sonido, más abierta y dispuesta a salir de lo clásico para avanzar a lo contemporáneo, lo posmoderno, lo nuevo, lo artístico, alejándome de ese elitismo clásico, sectario, moderno y dogmático que tanto daño me hizo en su día. Audio-Tesoros había sido hasta la fecha la muestra de mi simpleza propia de aquel momento; una muestra de mi ignorancia, de mi credulidad, de mi proximidad a esos modelos de pensamiento antiguos y perniciosos. Era el momento de dejar todo eso atrás, de evolucionar. Y eso implicaba no seguir de la misma manera.

Audio-Tesoros murió. Me lo cargué porque había llegado el momento de mirarme a mí mismo a la cara y darme cuenta de que aquello no podía continuar. No podía continuar porque era imposible que lo hiciera, dadas las circunstancias. Un blog sin valor que no creaba valor alguno porque era tan pobre como todo lo demás. Un blog que nunca consiguió generar una red de personas real a su alrededor (¿Quién iba a hacer flotar este barco?). Y un blog que siempre creí poder mantener solo para poder con todo (Realmente, estaba solo y no sabía cómo no estarlo). Mis llantos me costó darme cuenta de que aquello no podía llegar a nada, de que debía dejarlo por mi bien, de que era el momento de avanzar, aunque para avanzar tengas que reconfigurar partes de ti.

Me lo cargué. Esta decisión la tomé en febrero y aquí estamos. Ha pasado mucho tiempo hasta que me lancé a reconstruir las ruinas de esta catástrofe, pero todo tenía que pasar por la composición de esta pieza, bien fuera por catarsis, capricho o mera creación de una apariencia. No obstante, esta obra es, por encima de todo, un acto de luto a la par que de homenaje. Se trata de la ceremonia de duelo que todo esto se merecía. Es la despedida, el adiós que pone fin de forma definitiva a lo que este proyecto fue. Asimismo, es el agradecimiento a una figura que, del mismo modo, resultó clave en mi aprendizaje y formación personal durante mucho tiempo. Se trata de una cremación, que fulmina lo que algo fue, pero que al mismo tiempo trae consigo la inevitable condición de generar luz.

‘Audio-Tesoros murió’ toma en su composición muestras de sonido de la obra 18 de junio del año 2000, de Esther Ferrer, unidas a mi propia voz. Tomando como referencia a la artista donostiarra, esta pieza sonora, en su propio proceso de creación, se sirvió de una de las ideas que en muchas ocasiones esta ha expresado en su obra. “El sonido también ocupa espacio”, como dijo Marcel Duchamp. Ya solo partiendo de esta propia condición del sonido como fenómeno físico, es interesante pensar en este, en el sonido o el acto de producirlo, como una vía o un elemento que otorga una materialidad a aquello abstracto. El acto de nombrar, de enunciar con nuestra voz o mediante un sonido, otorga materialidad a aquello que no la tiene per se, lo convierte en algo corpóreo que transita por el espacio y el tiempo de forma tangible en tanto que implica la vibración de las partículas. Y todo ello, en consecuencia, significa o re-significa aquello que estamos ‘haciendo aparecer’. Mediante samples de una obra que es uno de los claros referentes de este principio que manifiesta Esther Ferrer, así como con grabaciones de mi voz nombrando cada una de las entradas del ya viejo y olvidado Audio-Tesoros, se genera, transcurre y finaliza este funeral y, con él esta etapa. O quizá se pone en tiempo una transición del propio proceso vital de este espacio; sin principio ni fin, solo proceso y cambio. De Audio-Tesoros a ∀udio-⊥esoros. En cualquier caso, algo comienza o cambia. Algo nuevo suena. ¿Ahora qué?

 

 

 

 

About Alberto García

Artista sonoro y multidisciplinar ϟ Cafeinómano ϟ [Tarazona, Aragón. 1997]