Música, sonidos, percepción y contexto (I)

Desde que empecé a estudiar en la Universidad, estaba deseando con fervor cursar una asignatura en concreto del tercer curso de la carrera (y recalco el “una”, entendido como un significante de “una y única”). La deseada materia ha llegado en este tercer año dentro de la facultad; bajo el nombre de Taller de Radio se engloban cuatro meses en los que acercarnos al medio –para mí– más bonito del mundo. Para la mayor de mis alegrías, existe una tendencia dentro de su programación que apunta a llevarnos hacia el panorama de lo sonoro. Y es que pensar en la radio es, indudablemente, pensar en el sonido. Con todo lo que ello conlleva, que no es poco.

 

Recojo, pues, en esta entrada el enunciado de una de las tareas, si se le puede llamar de tal modo (no solo porque no fuera obligatoria), efectuadas en esta asignatura, que viene a propósito de lo explicado en mis anteriores líneas. Pensar en el sonido y en el papel y presencia de este dentro del mundo y contexto que nos rodea –interior y exterior– es sumamente interesante y poco practicado por muchxs. Las instrucciones establecían lo siguiente:

 

Esta experiencia pretende que reflexionemos sobre los contextos sonoros: cómo son, cómo los alteramos, los individualizamos y nos cambian la percepción. Es una práctica inspirada por el profesor Eduardo Viñuela, de la Universidad de Oviedo, el cual la define así:

“Selecciona un recorrido que hagas de forma habitual (por ejemplo, de casa a la facultad) y, si puede ser, a la misma hora del día. Realízalo de la siguiente forma:

Primera vez: sin poner música, atendiendo al paisaje sonoro que caracteriza a la ciudad, los ritmos urbanos, los sonidos (musicales o no), etc. y anota las sensaciones, las impresiones de ese recorrido no musical

Segunda vez: selecciona un repertorio de un estilo musical o de un artista determinado y realiza la misma operación.

Tercera vez: selecciona un repertorio de un estilo musical diferente o de un artista con características distintas al anterior y realiza la misma operación.

Toma nota de cada recorrido y reflexiona sobre las diferencias de cada experiencia y el papel de la música”.

 

Este proceso puede resultar banal, simple y un tanto visto ya a día de hoy. Nuestro estado de ánimo es muy susceptible de ser alterado según la música que escuchemos en un determinado momento; la mayoría lo habremos experimentado, y espero que muchos hayan podido darse cuenta realmente de ello y sus efectos. Nuestra percepción del mundo que nos rodea se ve, asimismo, alterada también según los sonidos a nuestro alrededor. No parece que todo esto sea difícil, al menos, de intuir. No obstante, aprecio el valor que tiene dedicarle una observación real, activa, consciente y atenta; esto ya es menos frecuente, pero puede resultar súper llamativo. Te parezca trivial o no, te recomiendo refrescar la memoria para experimentar por primera vez o bien repetir un ejercicio como este. Yo me comprometo a hacerlo con vosotrxs y, como es debido, contar aquí el resultado.

 

Foto: CCCB

About Alberto García

Amante desorbitado de la música, también del café. Quizá soy un popurrí algo excéntrico de facetas, ideas y aficiones, pero me defiendo bien en todo este jaleo. Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. [Tarazona, Aragón. 1997]

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