Ida Long – Rainbows & Tears

El álbum que esta semana propongo, que pareció emerger de la nada ante mí hace un tiempo como las coloridas flores que nacen este mes, proviene del norte de Europa, concretamente de la ciudad de Gävle, Suecia. Ida Long es la autora que ha creado Rainbows & Tears, publicado en 2016 y del cual hablaremos hoy; constituye además el que es el segundo LP de su carrera. Walk Into The Fire era publicado en 2012, y el año anterior Long publicaba In Dark Woods, el EP que le sirvió como arranque de su carrera musical. Además de cantante y compositora, Ida Long también es artista y bailarina, y sus capacidades en estos variados campos aparecen combinadas y relacionándose las unas con las otras en sus creaciones. Por tanto, no es de extrañar que observemos en su obra un estilo personal y único, así también en el álbum sobre el que hoy leéis y escribo.

Tal vez durante la escucha de Rainbows & Tears burbujeen en nuestra mente ligeros recuerdos de la música de Kate Bush, Feist, del Trip-Hop al estilo Portishead o incluso de una temprana Björk, pero sin llegar a constituir ninguno por sí solo, quizá tampoco en conjunto, el estilo que Ida Long ha logrado hilvanar de cara a este trabajo. Publicado por el sello Comedia, el álbum es, sin duda, el más completo de la artista hasta ahora, y a lo largo de sus diez temas encontramos una definida identidad e intención creativa, difíciles de encuadrar en un género musical concreto para quien desee servirse de esta recurrente y fácil pista.

No obstante, sí se aprecian de manera sutil las sensaciones que estos dejan en lo superficial, aunque todo parece tener aquí una cara adicional, siempre hay una diferente mirada posible. Así ocurre en el tema “Baby Gone”, soberbio, que da inicio al álbum y que, según vamos sumando reproducciones, va adquiriendo ante nosotros su faceta poliédrica, cuya infinidad de significados posee tal incertidumbre como la que evoca el sonido en sí mismo. Con una línea de bajo densa e imparable que se postula como un leitmotiv a lo largo de todo el tema, la canción nos atrapa en su estética metálica y dura, con sonidos un tanto orientales y que sugieren lo onírico, lo desconocido. Mientras tanto, la voz de Ida Long, clarísima y directa, se mueve entre un segundo y un primer plano en el que parece mirar fijamente hacia el espectador.

Prácticamente todo el álbum está envuelto en ese aura  de misticismo tan presente en el mencionado primer tema. Pero, como comentaba, Rainbows & Tears es un trabajo cuyos matices fluyen con gracia; una propuesta tan solemne como expresiva, tan misteriosa como tierna, tan fría como profunda. La percusión es rígida y en ocasiones casi robótica, y la voz de Long logra imponerse como un elemento fuerte e inclemente. Sin embargo, no hay duda del talento que esta derrocha en su multitud de matices y giros melódicos, que se complementan por una integración magistral de instrumentos más clásicos como el violín o el violonchelo. Así, donde en un principio se aprecia un cromatismo oscuro y casi impersonal se dejan entrever resquicios de luz desde los que se puede dar una vuelta al argumento, transformándolo en algo brillante y renovado, ahora algo amigo, con un potencial que resulta casi catártico. Podemos escuchar todo ello en temas como “Wolf” o “Rainbow”, así como “Take Me To The Woods”, donde una mágica melodía arpegiada subyace tras una voz que oscila entre lo susurrante y lo explosivo, logrando mantener la tensión en todo su desarrollo.

No está de más comentar el desgarro con el que me dejan dos de los temas de este disco. Se trata de “Rivers” y “Woman”. Parece casi esta última un llamamiento a la introspección, a la contemplación, hasta quedamos helados cuando Long pronuncia versos como “perhaps to pause the breathing // it´d sure kill the bleeding” o “you better sink or learn to swim”, esta última verdadero choque en las narices con la realidad.

Tampoco es baladí, sí curioso, que dos de los temas más valorados del disco sean los que más difieren de la línea marcada por el resto de canciones. “(I Get So) Dramatic” resulta el tema más dinámico del trabajo, con una estética algo similar a la de las cantantes femeninas de los años cincuenta, con energía, sensualidad y carisma como carta de presentación. “We Got” es el segundo, naíf, luminoso y completamente desmarcado del resto en cuanto a su atmósfera, esta impregnada de una empalagosa alegría sin mucha intuición.

No podría terminar esta reseña sin ponerme un tanto intenso y comentar la extraña y a la vez palpitante sensación que me produce el uso de los espacios vacíos que hace Ida Long en este disco. La artista ha logrado, como vemos en temas como “Baby Gone”, la sórdida “Mannen på taket” cantada en sueco, o “We Got” (sí, la misma), entre otros, utilizar estos intervalos y silencios como una técnica expresiva más. Con ella ha logrado crear tensiones sugerentes que van desde lo tenebroso a lo romántico. Me recuerdan, de hecho, y creo que esto no es algo tan loco, al uso que de estos espacios vacíos hacían artistas contemporáneos como la brasileña Lygia Clark o los vascos Eduardo Chillida y Jorge Oteiza.

Acabo así, divagando por completo hacia la vasta sabana que es el arte contemporáneo, este comentario de un disco plenamente lírico, poético y lleno de magia, en el que la dulzura y delicadeza de la artista parecen crear un muro de afectuoso susto.

 

Fotos: Malyn Ottosson

About Alberto García

Amante desorbitado de la música, también del café. Quizá soy un popurrí algo excéntrico de facetas, ideas y aficiones, pero me defiendo bien en todo este jaleo. Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. [Tarazona, Aragón. 1997]

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