All rights included: música de libre distribución

Para muchos resulta todavía extraño concebir la adquisición de música más allá del mero pago por el CD o archivo digital o, en el menos recomendable de los casos, de la piratería. En un entorno, el de los creadores de obra intelectual – sean músicos, artistas plásticos, escritores, cineastas…, tangibles o no sus proyectos –, en medio de una necesaria lucha por la defensa de sus derechos y por ende del reconocimiento del valor de su obra, traducido en cierta medida en su valor económico, esta nueva idea de distribución musical, la música libre, surge aportando una visión alternativa en dicha pugna.

 

¿Qué es la música libre?

La música de libre distribución, o música libre, es aquella cuyos derechos de explotación no se encuentran bajo la gestión de sociedades, empresas o instituciones destinadas a tal fin, como SGAE (España), ASCAP (EE.UU.), JASRAC (Japón)… o incluso las propias compañías discográficas, algunas de ellas con un elevado poder de influencia. A estas corporaciones los artistas encomiendan el control de derechos inherentes a su obra, como son la reproducción de la misma (hablando en plata, la reproducción de una “copia” del producto, su generación en un determinado soporte), su distribución (la puesta a disposición del público mediante la venta, alquiler, préstamo, etc.), transformacióncomunicación pública (difusión de la obra fuera del ámbito doméstico).

Esta cesión de derechos suele acordarse de manera contractual con la sociedad o empresa, y el cobro por la concesión de permisos a terceros para hacer uso estos derechos es, por tanto, el principal factor de obtención de ingresos para ella. Una parte de estos ingresos, según lo acordado, iría a parar a los artistas. Estos contratos no están exentos de polémica, dado que en muchos los creadores perciben porcentajes de estas recaudaciones bastante menores a lo recomendable. Por tanto, como ejemplo,  la inclusión de la pieza musical de un asociado en un proyecto creado por otra persona, la posibilidad de interpretarla en un concierto o incluso la mera reproducción en un negocio abierto al público, como pudiera ser un local de ocio, pueden suponer el pago de una comisión económica a estas organizaciones.

Sobre el papel, estas acciones se llevan a cabo para defender los derechos del trabajo de sus asociados; sin embargo, las críticas son variadas. Los mencionados contratos polémicos, cobros abusivos, precios elevados para los consumidores que en ocasiones no responden al valor real de su actividad o, incluso (en el caso de la SGAE con el Caso Saga), irregularidades con fondos supuestamente destinados al reparto entre socios han suscitado que un buen número de artistas se hayan posicionado en desacuerdo con esta vía para la defensa de su obra.

Teniendo esto en cuenta, muchos artistas deciden plantarse y, de algún modo, independizarse con gestos como la creación de sus propios sellos discográficos, o, como los artistas de música libre, proteger sus derechos mediante otro tipo de contratos o licencias carentes de los preceptos restrictivos de las anteriores. Las licencias libres son las preferidas por estos creadores, con las cuales los artistas tienen control íntegro sobre sus obras, y son ellos quienes deciden qué derechos de explotación de esta conceden al público. Habrá licencias totalmente libres, desde las cuales los artistas no estarían sometiendo su obra a ningún tipo de restricción, aunque las más utilizadas reservan algunos derechos a elección del autor.

Estamos, pues, ante un claro manifiesto en favor del empoderamiento del artista con respecto al control de su propia obra, así como a una percepción más justa de los beneficios que esta genera. Y es que la motivación de estos pasa, pues, por esa idea de que el actual sistema imperante se apodera de sus derechos sobre sus propias creaciones sin compensar con justicia al artista por su gestión, e incluso pone barreras a los consumidores para acceder a su obra con cláusulas y precios muchas veces poco justificados.

 

Las licencias Creative Commons

En el marco de esta novedosa concepción de los derechos de explotación de las obras surge en el año 2001 la organización cuyas licencias libres ha acabado gozando de una elevada popularidad: Creative Commons. Estas licencias permiten a los autores combinar una serie de derechos para elaborar así la restricción (o la no-restricción) que aplicar a sus obras y que más afín resulte a sus ideas y necesidades. Estos derechos serían, por tanto, el de reconocimiento de su autoría de la obra por parte de los terceros, de distribución comercial de la obra (si queda reservado por el autor la obra únicamente podría distribuirse con fines sin ánimo de lucro), de producción de obras derivadas de la principal o el llamado “compartir igual” (mediante este, aquel que distribuya la obra puede crear obras derivadas pero debe hacerlo bajo la misma licencia que la obra principal).

Las licencias Creative Commons traen contigo el permiso e la obtención, copia, reproducción o uso gratuitos de las obras, si bien estas deberán realizarse bajo las restricciones aplicadas por parte del creador (hacerlo sin ánimo de lucro, sin poder producir obras derivadas…), y siempre reconociendo su autoría. Lo intuitiva que resulta la elección de condiciones concretas de gestión de los derechos de explotación, sumada a la disponibilidad de estas licencias en multitud de países fuera de los Estados Unidos, las ha llevado a ostentar los puestos favoritos de quienes deciden distribuir sus creaciones y, en nuestro caso, su música de esta manera alternativa.

 

Pero, si son gratuitas, ¿cómo logran estas propuestas musicales ser rentables?

Si por rentabilidad entendemos la viabilidad económica de nuestra obra, no podemos presuponer que un precio cero vaya a derivar en una absoluta carencia de esa viabilidad. Nada más lejos de la realidad, de hecho; estas obras sí pueden ser viables, y los artistas pueden obtener ingresos considerables por ellas. Quizá, como valor preponderante en esta efectividad del sistema libre podríamos situar la conciencia de los consumidores y la posible intención de apoyar a las bandas cuyo trabajo adquieren, una de las principales bazas puestas en juego en variados discursos contra la piratería.

Todo esto se traduce en un sencillo mecanismo de distribución de estas obras, que aúna tanto los preceptos alternativos de la música libre como un deseo de reconocimiento del valor de cada creación. Gracias a muchas webs especializadas, muchos artistas de música libre nos permiten descargar de forma completamente gratuita su música, ofreciendo a la vez la posibilidad de que les demos un importe económico, este muchas veces a nuestra elección. La gran mayoría de esta música, pues, se distribuye de forma digital, aunque algunas propuestas por las que paguemos pueden incluso brindarnos la posibilidad de recibir la edición en físico en nuestro domicilio.

Mediante esta operación, los artistas manifiestan ilusión porque su música se escuche, se transmita, se utilice y se comparta más allá de las barreras impuestas por los, en ocasiones, elevados o injustos precios y/o restricciones de las compañías anteriormente mencionadas. De igual manera nos permiten, si deseamos que el artista continúe creando música, darle una cantidad económica que podría recibir incluso más íntegramente que lo que recibiría por vía sello discográfico (con el correspondiente riesgo de que la gente prefiera no concedérsela, claro), y por la que podemos obtener un plus.

Casi sobra decir que el hecho de que esta música sea casi siempre gratuita y se mueva en una serie de círculos alternativos no significa, para nada, que vaya a ser una música de peor calidad que la que podemos encontrar en, por ejemplo, un sello discográfico convencional. De hecho,  navegando por estas webs podemos encontrar propuestas musicales magníficas, y de una sorprendente capacidad creativa.

 

¿Dónde puedo encontrar música libre?

Existen multitud de plataformas donde los artistas pueden alojar y distribuir su música contando con las condiciones de las licencias libres, y que nos permiten a nosotros, pues, descargar los temas con total libertad e igualmente ofrecer una determinada cantidad de dinero si lo deseamos. Una de las webs más conocidas de difusión musical, si bien no se centra en el ámbito de la música libre, es Bandcamp, desde donde algunos artistas – no todos – distribuyen su música gratuitamente o con precio a elegir. No obstante, las siguientes webs son algunas de las que distribuyen íntegramente proyectos musicales de forma libre:

 

 

Las netlabels

Otro agente dentro del ámbito de la música libre pasa por el terreno de los sellos discográficos, en cuyo seno han nacido una serie de compañías presentes en la red y afines a este movimiento. Las netlabels son, pues, sellos discográficos en sentido estricto, que realizan igualmente las tareas de grabación, producción y marketing de los trabajos musicales, pero que han marcado la diferencia con respecto a sellos más arraigados a la tradición. La apuesta por la música de licencia libre cuya descarga digital y uso sean gratuitos es la principal marca de identidad de estas empresas. Esta apuesta y su predominante presencia en el ciberespacio quizá sean motivo de que su trabajo se esté concentrando en muchas ocasiones en artistas noveles, de géneros relativos a la electrónica, aunque incluyen muchos otros. Del mismo modo que las páginas web antes mencionadas, las netlabels nos permiten obtener la música tanto de forma gratuita como aportando una cantidad económica por ella, a cambio de la cual suelen ofrecer ediciones físicas o especiales, remixes, etc.

Para encontrar un amplio catálogo de netlabels basta con visitar el sitio web netlabels.org, donde encontraremos un repertorio de varias decenas de sellos de esta clase. A todas estas podemos añadir otras como Fwonk, Electrolyt Netlabel, la japonesa Bump Foot, las escocesas Black Lantern Music y Section 27, la alemana Crazy Language o la española Audiotalaia.

 

¿Por qué es necesario visibilizar estos proyectos?

 La necesidad de hacer visibles estas formas de distribuir música resulta, bajo mi punto de vista, indudable, tanto como la positividad de su existencia. Sin abogar flagrantemente por una ruptura del actual sistema imperante, del que sí está claro que necesita una reforma en valores y presupuestos, es importante que se conozca de forma natural y sin prejuicios que existen alternativas al mismo, activas y que también pueden resultar viables. Alternativas sustentadas en otro tipo de valores más allá de lo económico, que ponen la mirada en el compromiso con su trabajo, creando un sentido de comunidad y de contribución al esfuerzo de un profesional como otro cualquiera dentro de nuestro mundo. Son, por tanto, propuestas partidarias de unas nuevas concepciones del trabajo artístico, y así de diferentes  modos de reconocerlo. Se ha llegado a comentar, incluso, que sistemas como estos serían capaces de reducir abusos sobre los derechos y el trabajo de los artistas, tales como la piratería.

 

La otra cara de la moneda

 Sería hipócrita exponer qué es la música libre distribución en el blog sin mencionar las visiones que ponen de manifiesto su problemas o carencias. En líneas generales, las críticas se centran en que estas licencias libres erosionan un sistema que en sí mismo está bien estructurado, si bien las prácticas de quienes llevan a cabo su mantenimiento serían la fuente de sus problemas. En relación a este aspecto,  más que la creación de lo que sería un “pseudo-copyright” paralelo, la acción más indicada sería reformar el sistema principal. A la omisión de estos problemas y de su necesaria reforma estarían contribuyendo estas licencias libres, que parecen un parche que disuade la atención hacia el problema real.

Un aspecto que genera cierto desánimo entre los más partidarios de estas licencias se centra en el problema que pueda tener para su éxito el hecho de que la música libre se base, muchas veces, en ese comentado “espíritu comunal” de quienes la sustentan. Y es que el sistema libre podría estar convirtiendo los productos ofertados bajo él en una especie de “bien común” ubicado dentro de una cultura todavía carente de la cohesión y la conciencia suficientes para darle cabida y sostén por voluntad propia.

Finalmente, hay quien desmiente que exista una diferencia real entre el copyright original y el sistema de licencias libres, al afirmar que también existe en el primero la posibilidad para el autor de elegir qué derechos reservarse y cuáles ceder al público, de modo que copyright y licencias libres acabarían siendo esencialmente lo mismo. No obstante, sabemos que el poder de muchas empresas y sus tensos contratos con poco margen de variación hace que en la práctica no ocurra ciertamente así.

 


 

Personalmente y como bien claro se muestra a lo largo de esta entrada, defiendo decididamente que visibilizar y hacer valer esta alternativa es sumamente necesario, ante la existencia de un sistema que luce obsoleto y con errores, y cuya renovación y actualización es imprescindible, aunque goce de pocos visos de resultar efectiva a corto-medio plazo. De nuevo, la ruptura flagrante quizá no sea la opción más indicada hoy, dada la potencia de los organismos hoy imperantes como sustento de un vasto sistema difícil de modificar, y la necesidad de un cambio social tangible para que este nuevo sistema y concepción del trabajo artístico puedan sustentarse de manera viable. Todo ello sin contar con el requisito de que un hipotético cambio drástico se diese a escala medianamente global, con una cierta regulación para establecer bases comunes y que no existieran abismales diferencias legales geográficas. No obstante, el cambio está hecho; pese a que no hay ruptura, a este nuevo sistema ya puede accederse desde multitud de lugares, y en las conciencias parece cobrar fuerza la idea de cooperación común.

Huelga decir que la defensa del trabajo de los artistas es imprescindible. Ahora bien, que esa tarea de protección se haga con justicia también lo es. Visiones alternativas como estas nos recuerdan que, en cierta medida, es algo posible.

 

Por cierto, si os gustó la banda Schematic, de cuyo disco hablábamos hace unas semanas, podéis encontrar su EP ‘Fluorescent’ en formato de libre distribución en Noisetrade 😉

 

Imagen por Faulkner16 en Deviantart

About Alberto García

Amante desorbitado de la música, también del café. Quizá soy un popurrí algo excéntrico de facetas, ideas y aficiones, pero me defiendo bien en todo este jaleo. Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. [Tarazona, Aragón. 1997]

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