Cuestiones sobre el premio literario a un cantante

Hace cosa de quince días, la agitación y la sorpresa se hacían palpables con una noticia casi histórica; el cantautor Bob Dylan había sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. El reconocimiento se erige como un nuevo hito en la carrera de un hombre que, indudablemente, adquirió un papel significativo en el devenir del Pop, el Rock o del panorama musical en general si se quiere. Pocos dudan de que sus creaciones han sido poderosas influencias, muchas referentes para artistas de la talla de The Beatles, The Rolling Stones, Tom Waits o Bruce Springsteen, del mismo modo que lo han sido para una buena multitud de jóvenes que en las décadas de los 60 y 70 veían en ellas una motivación hermanada con sus anhelos y deseos de cambio. Y eso que nos encontraremos con una gama de adjetivos de todas clases hacia las mismas.

Este es el perfil del premiado, un revolucionario del Folk que supo otorgarle una nueva mirada y generar una amalgama creativa que tanta admiración ha recibido con los años. La permeabilidad de su figura entre la literatura y la música se concibe a través de lo que muchos consideran una habilidad de devolver al presente aquella tradición “bárdica” por la que hace siglos se entremezclaban ambas formas artísticas, nutriéndose la una de la otra y llegando a constituirse como una sola. Asimismo, se habla de que Dylan supo integrar en sus versos simbolismo o tradición poética norteamericana, sabiéndolas construir como un fomento más del cambio social de la época. Estos, básicamente, fueron los motivos expuestos por la Academia Sueca para que se le concediera el premio al cantante, desatando un revuelo entre defensores a ultranza y detractores de esta decisión que todavía se mantiene aun cuando parece que se han calmado algo las aguas.

Del otro extremo, se dice que la poesía de Dylan sería incapaz de sostenerse por sí sola si no se apoyara de su adjunta parte musical; sobre el papel poco tiene de comparable con las obras de otros poetas propiamente dichos. Dylan es músico, no se dedica a la literatura, alegan muchos, no siendo, sistemáticamente, merecedor de un galardón como este. Los otros candidatos al premio parecerían ser claramente m

Hace poco me preguntaron cuál era mi opinión acerca de este, podríamos decir, polémico asunto. Reconociendo mi gusto por las creaciones del artista y admitiendo igualmente que mi conocimiento de su obra no va más allá de un nivel, podría decir, externo , se me pasaron por la mente una serie de cuestiones que me impiden, francamente, decantarme con seriedad por una de las dos posturas.

Muchas de estas cuestiones giran en torno a esa idea de que Dylan no es concebible entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura porque, realmente, se dedica a la música y no es un literato. De ahí deduje lo siguiente: ¿Es necesario pertenecer exclusivamente al mundo de la literatura para que nuestra obra sea considerada – y por tanto valorada, o no – dentro del mismo? Pero, más profundamente y desde una visión más opuesta, ¿están o deberían estar separadas una obra musical de una literaria? ¿Hasta qué punto llegan los límites de una canción para ser canción y de una obra literaria para serlo? Quizá hemos llegado a un momento en el que la canción, la obra musical como tal y por sí misma – bien tenga letra o no – ha sabido constituirse independientemente como ente aislado; como obra artística única, autónoma e independiente. ¿Sería posible? Y, si esto no ocurriera así, ¿consideramos que a día de hoy se mantiene esa homogeneidad que otrora intercalaba música y literatura como un único ente, cuando los textos eran recitados por trovadores y bardos?

Al margen, en cuanto al cierto desdén que he podido percibir en el desprecio a la condecoración de Dylan por, concretamente, pertenecer al sector musical, he percibido una consideración de que una pertenencia a este mundo le hace menos meritorio de ser premiado, “inferior”, dicho de algún modo. ¿No se está cayendo aquí en un ejercicio de elitismo de libro?

Ciertamente, he creado en mi cabeza una suerte de caos o círculo vicioso de la que parece ser bastante difícil escapar. No desearía posicionarme en ninguna postura concreta respecto del premio antes de dar respuesta a preguntas como estas, en defensa del género musical o de la investigación de la relación de la literatura con el mismo, o la investigación del mismo con el arte en general. Resolver estas preguntas no es tarea fácil, y desde luego hemos de empezar por el principio. En cualquier caso, mi honesta enhorabuena al premiado.

 

Foto: lizzilla en Deviantart

 

About Alberto García

Amante desorbitado de la música, también del café. Quizá soy un popurrí algo excéntrico de facetas, ideas y aficiones, pero me defiendo bien en todo este jaleo. Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. [Tarazona, Aragón. 1997]

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